LA SOCIEDAD SECRETA ABAKUÁ

domingo, 17 de mayo de 2009

Abakuá significa iniciación en el cuero y es el nombre de una sociedad secreta mágico-religiosa originada en Cuba e integrada exclusivamente por hombres, que mediante ritos iniciáticos y por el tributo de un gallo y de un chivo a Ekue, la entidad misteriosa que adoran, y por su capacidad y méritos, pueden llegar a desempeñar en ella distintos cargos. Deben observar una conducta irreprochable hacia sus hermanos de religión y guardar el secreto que los une y defenderlo hasta la muerte.
Esta sociedad es llamada comúnmente de los Ñáñigos y fue introducida en
Cuba por esclavos procedentes de la costa Áfricana del Calabar a comienzos del siglo XIX, fundándose el primer grupo (Potencia, Nación o Juego) en el pueblo de Regla, considerado la cuna del Abakuá afro-cubano.
Las primeras agrupaciones de Ñáñigos surgieron en el seno de los cabildos
negros de origen carabalí (forma cubana de designar a los esclavos procedentes del Calabar). Un cabildo dice Fernando Ortiz era: algo así como un capitulo, consejo o cámara que ostentaba la representación de todos los negros de un mismo origen. Un magnate esclavizado, cuando no el mismo jefe de la tribu, pero generalmente el más anciano, era el rey del cabildo.
La sociedad secreta Abakuá es un transplante de las sociedades secretas
que existían y aún existen en el sur de Nigeria, como la de Ekpe, poderosa en aquel tiempo, ya la que pertenecieron sus introductores en Cuba importados como esclavos. Si en la isla no pudieron actuar como en el Calabar, los individuos de la sociedad Abakuá mantuvieron en ella el espíritu, las ideas y tradiciones de su país natal, así como su lengua y su liturgia, exceptuando por imposición del nuevo ambiente, los sacrificios humanos que se practicaban en África.
Dice Enrique Sosa Rodríguez en su magnifico libro Los Ñáñigos, que en
África las más prominentes sociedades secretas carabalíes estaban asociadas al culto de la serpiente y el agua, que eran de naturaleza masculina y que funcionaban para propiciar la fertilidad de la tribu y su territorio. El culto a los ante- pasados era el eje principal en estas sociedades mágico-religiosas, ya que éstos, al estar en contacto con los dioses y espíritus del cielo y de la tierra, servían de intermediarios entre aquellos y los hombres.
Afirma el autor cubano que la posición social del hombre adulto de la tribu se
media por el número de sociedades a que pertenecía, así como por los altos grados recibidos en dichas sociedades. Habla Sosa de la existencia de sociedades femeninas entre los Ekoi, que todavía a mediados del siglo XIX conservaban huellas de un sistema social matriarcal anterior. Entre estas tribus existía la poderosa sociedad Ngbé, que habiendo tenido un origen femenino, pasó a los hombres al arrebatarles estos la primacía social a las mujeres.
Fitzgerald Marriot, en su libro Las Sociedades Secretas de África
Occidental, dice que:
La mayoría de las sociedades secretas de África Occidental son
tribales y en ellas se enlazan las tradiciones y costumbres del pueblo, de forma que su extinción total seria imposible...
En el territorio del Niger las sociedades parcialmente religiosas se
conocen por Egbo o Igbo, derivando su titulo del país de ese nombre, cuyo significado original es leopardo, implicando que esta parte del país estuvo infectada por dichos animales, o puede referirse a una familia cuyo nombre derivaba del mismo. La más importante sociedad Egbo es la del Viejo Calabar, donde fundamenta el gobierno nativo, siendo miembros el rey y jefes. Su cabeza es el Abaw-Efik, una especie de sumo sacerdote que recibe su autoridad de los jefes de Egbo y mientras lo sustenta nadie está libre de su poder a no ser que le pague bien.
D. Simmonds en su libro Bosquejo etnográfico del Pueblo Efik, dice que
al instalarse los Efik en la margen oriental del Río Cross, encontraron operando
entre los Ekoi Ejagham una sociedad secreta, instituida como gobierno de aldea para el arreglo de disputas y la imposición de penas por violaciones serias de las costumbres.
A este respecto deduce Sosa que es posible que en sus orígenes la
sociedad acogiera con exclusividad a los individuos afines al leopardo como animal totémico, pero que al extenderse geográficamente, sobre todo por los Efik, acogiera a todos los que podían pagar sus grados. Que pasarla de sociedad cerrada a abierta, aún cuando conservase limitaciones que favorecían a los jefes y un respeto temeroso hacia sus creadores y lugar de procedencia .
Recuerda Sosa que la admiración por el leopardo estuvo muy extendida por
la zona sub-sahariana de África. Fue considerado semidivino y fue tabú ingerir su carne, siendo el animal totémico de muchos reyes y jefes de las tribus de Oyó y Benin.
Resume en su libro el autor cubano el desarrollo de la sociedad leopardo
llamada Ekpe por los Efik y Ngbé por los Ekoi de la forma siguiente:
la condición inmigrante de los Efik y su establecimiento definitivo en
tierras del Viejo Calabar ya ocupadas por comunidades que se presentan en general como de origen Ekoi: los Kwa y los Efut.
Que los Efik se convertirían en el grupo social dominante gracias a su
control de embarcaderos claves para el tráfico negrero. Allí organizarían sus casas-canoas y de allí extenderían su influencia económica y cultural
incluyendo el lenguaje- por territorios más o menos alejados, de las antiguas provincias del Calabar y Ogoja del sur de Nigeria y del actual Camerún.
Que la sociedad leopardo, Ekpé, exclusiva para los hombres, jugaría un
importantlsimo papel para dicho control Efik, uniéndose la coacción
extraeconómica a la económica en un complejo sistema para la captura de esclavos, el enrique- cimiento de algunas familias y la sujeción de grandes contingentes humanos sometidos a una condición de servidumbre (esto ya en la primera mitad del siglo XIX).
Que el grado de integración Efut-Efik parece haber sido mayor que el
Efik- Kwa, lo cual explica que Talbot no los incluya en sus tablas demográficas a pesar de hablar de ellos.
Que a pesar de la residencia previa Kwa-Efut, respecto a los Efik en el
Viejo Calabar, estos constituyeron también grupos de inmigrantes y que, en el caso Efut, todos los autores sostienen su procedencia cameruniana, lo cual apoyan algunos otros datos ofrecidos entre los que debe soslayarse el que les adjudica un origen directamente bantú.
En el Ngbé efut y en el Ekpé efik, el secreto permanecía estrechamente
escondido y vigilado en sus templos, donde se celebraban sus rituales. Se
realizaban procesiones por el poblado en las que se mostraban a los no iniciados algunos de sus objetos sagrados y en los que aparecían representados en forma de máscaras, espíritus y fuerzas de la naturaleza así como algunos de sus antepasados.
Estos enmascarados solían ser personificados por los miembros más
jóvenes de la sociedad que bailaban continuamente durante toda la procesión.
G.I. Jones en su libro la organización política en el Viejo Calabar afirma
que su ritual esotérico se relacionaba con el culto de un espíritu selvático cuya
propiciación se consideraba esencial para el bienestar de la comunidad. Hay
ocasiones en que el espíritu se trae al poblado, regresando posteriormente a la
selva, y el espíritu tiene un número de espíritus menores como sirvientes que son representados por los miembros más jóvenes de la sociedad usando trajes con capirotes o máscaras de rafia o tela.
Sosa añade que ese espíritu selvático debe ser precisamente el del
leopardo, lo cual es confirmado por Simmonds que dice: en la esquina más alejada de la casa hay un santuario privado en el que solo pueden penetrar los privilegiados en las reuniones Egbo. El rugido del leopardo se simula con un aparato sonoro secreto llamado Mboko. Cuando los hombres-leopardo producen el sonido, ocultan la habitación con una cortina de tela teñida en la forma Ibo azul y blanco, Ukara, y cuelgan la hoja del árbol Newbouldia laevis en la cortina para impedir la entrada de personas no autorizadas. Los que manipulan el mecanismo producen tonos de nombres haciendo que el mecanismo hable de forma análoga a las señales del tambor. El aparato es considerado especialmente sagrado. La Sociedad del Leopardo posee un tambor especial en el que se pintan signos secretos. El tambor a que nos referimos es probablemente un tambor pequeño de madera con una sola membrana en el que se pintan varios nsidibi o signos secretos solo comprensibles para los miembros de la Sociedad Ngbe. La tela ekpe o ukara es una tela teñida en la forma Ibo con triángulos alternantes azules y blancos;
en el diseño se presentan signos secretos especiales nsibidi.
En la Sociedad Leopardo antes citada los espíritus más poderosos eran los
del agua, que a veces eran representados por un pez, el cocodrilo o la serpiente acuática. También eran muy numerosos los espíritus de la vegetación selvática. Obassi de los Ekoi o Abassi de los Efik era un dios lejano sin culto específico, ya que para aquellas tribus eran más importantes los espíritus de la naturaleza y los antepasados, que actuaban como intermediarios entre el dios supremo y otros dioses celestiales y los hombres.
Darril Forde en Comerciantes Efik del Viejo Calabar dice: El rugido del
leopardo se simula mediante un aparato secreto llamado Mboko,
probablemente un pequeño tambor de madera con una parte cubierta de piel, en la que se pintan varios nsibidi o signos secretos solo conocidos por los miembros de Ekpe. Si un acreedor acude a la sociedad para que un deudor le pague, un mensajero lleva el tambor hasta la casa del deudor con su mensaje instándolo a aparecer en la casa-templo para que se estudie el caso. La aparición del tambor con nsibidi subraya la importancia y confiabilidad del mensaje.
Mboko, aclara Adams en su diccionario, equivale a yo ruego, siempre en
primera persona, aunque deba ser en el caso del tambor, yo ordeno .Por su forma y función sacra dice Sosa que coincide con el tambor ñáñigo Mpegó, no con el sacratísimo Ekue reproductor de la voz venerable.
La sangre era común en los ritos religiosos y facilitaba la materialización de
los espíritus y de los antepasados, siendo considerada como alimento para los
dioses y espíritus así como ingrediente básico de las preparaciones mágicas
protectoras. Estas sociedades del sur de Nigeria fueron inicialmente femeninas y se relatan historias en las que cuando el espíritu de Ekpe escapaba de la casa-templo ala selva, era una mujer anciana la encargada de ir a buscarlo para que los jóvenes guerreros lo trajesen al poblado.
Sosa destaca cuatro etapas en la historia de Ekpe:
1 .La fundación de Ngbe por los Ekoi bajo control femenino en una sociedad
matriarcal muy primitiva.
2. El paso del control de la sociedad a los hombres al instaurarse el
patriarcado.
3. Traspaso de los secretos iniciáticos a los Efik cuando estos se
establecieron en el Viejo Calabar entre los siglos XVII y XVIII y surgir de Ekpé en relación con la trata de esclavos.
4. Extensión de Ekpé por las distintas tribus carabalíes y su paso a Cuba
junto con sus miembros convertidos en esclavos.
Según las tradiciones cubanas, la primera sociedad ñáñiga organizada a
principios del siglo XIX fue fundada dentro del cabildo negro carabalí Appapa Efor, que reunía agentes de las comunidades Ekoi y Efik, reproduciéndose en Cuba el mismo sincretismo que se produjera en África entre Los Ekoi-Efut (Efor) y los Efik.
Dicen las tradiciones ñáñigas cubanas que a los Ekoi les correspondra en África la tierra del cementerio y el majá (serpiente), mientras que a los Efik, les correspondra la tierra de la pólvora, la sal y el agua.
Los miembros de las sociedades Abakuá recibieron la denominación de
Ñáñigos, palabra que deriva de la Áfricana ñan-ñan que significa arrastrado o
errático, algo que se relaciona con el leopardo por recordar los movimientos de dicho animal. A este respecto hay que tener en cuenta que Talbot presenció una ceremonia de Ekpé en el Viejo Calabar y quedó sorprendido por los movimientos que ejecutaban algunos de los actuantes. Al preguntar sobre este detalle se le informó que Ekpé no puede caminar derecho, se mueve de aquí para allá por los movimientos del animal. Dicho animal era por supuesto el leopardo.
En cuanto a la palabra Abakuá, que se ha venido usando posteriormente
para denominar a la sociedad de los Ñáñigos, dice Sosa que los términos Akwá y Kwá tienen su origen en África. Akwá en lengua Efik equivale a grande, importante, de alto rango, relacionado con la admirable capacidad de matar del leopardo, el cazador y el guerrero. También es el nombre de una región, río, clan y poblado en el país de los Ekoi del Camerún. Kwa es el nombre de un tronco lingüístico del sur de Nigeria y del noroeste del Camerún. Es también el nombre del pueblo Ibibío, en el cual habla un clan llamado Abak.
Parece ser que a mediados del siglo XIX se infiltró en las agrupaciones de
Ñáñigos un sincretismo que fue contaminándolas hasta llegar a ser admitidos negros criollos, mulatos y por último blancos.
Abakuá, que habla sido creada por negros Africanos esclavos no podía
sobrevivir sin aceptar en sus filas a negros nacidos en Cuba y posteriormente a
mulatos y blancos. El gran cisma del ñañiguismo fue motivado por el ingreso de
blancos propiciado por Andrés Facundo Cristo de los Dolores Petit, con el cargo de Isué en la Potencia Bakokó Efor, el cual otorgó la iniciación en 1857 a algunos cubanos blancos, ante la obstinada oposición de los Ñáñigos Efik.
La primera sociedad Abakuá de blancos fue según algunos, Ecobio Efor
Mucarará (amigos blancos de Efor), para otros fue Akanarán Efor (madre de Efor).
Lidia Cabrera en su libro "La Sociedad Secreta Abakuá" afirma que fue esta última la Potencia de la que surgirían todos los grupos mixtos de blancos y negros en Cuba.
Si tratamos de reconstruir el mito original de la sociedad Abakuá que se remonta a los origenes de su fundación en África, encontramos distintas versiones entre los distintos grupos según el origen tribal de sus miembros.